San José · Su vida
Vida de San José
Su historia y su misión en el camino de la redención, según la Escritura y el magisterio de la Iglesia.
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De San José no se conserva en los Evangelios ni una sola palabra; y, sin embargo, su figura llena de sentido cada página de la infancia de Jesús. La Iglesia lo reconoce como custodio del Redentor: el hombre a quien Dios confió el cuidado de su Hijo y de su Madre. Recorramos su vida a la luz de la Sagrada Escritura y del magisterio.
1 · Hijo de David
Los Evangelios de Mateo y de Lucas abren la historia de Jesús con la genealogía de José (Mt 1,1-16; Lc 3,23-38). Por él, descendiente de la casa real de David, Jesús entra legalmente en el linaje davídico y se cumplen las promesas hechas a Israel. No es un detalle menor: la paternidad legal de José inscribe a Jesús en la historia de la salvación.
2 · El varón justo
Mateo lo describe con una sola palabra que lo dice todo: «José, su esposo, como era justo…» (Mt 1,19). En la Escritura, el justo es quien ajusta su vida entera a la voluntad de Dios. El Catecismo recuerda que en José «se manifiesta de manera eminente cómo se conjugan la libertad en el servicio y la obediencia de la fe» (cf. CIC 437).
«Levantándose José hizo como el ángel del Señor le había mandado.» (Mt 1,24)
3 · Esposo de la Virgen María
Ante el misterio de la maternidad virginal de María, José, «como era justo y no quería difamarla, resolvió repudiarla en secreto» (Mt 1,19). Entonces el ángel del Señor se le apareció en sueños:
«José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.» (Mt 1,20)
José acoge a María en verdadero matrimonio —virginal y santo— y se convierte en el guardián de su virginidad y de su maternidad divina.
4 · Padre de Jesús
José no engendró a Jesús según la carne, y sin embargo fue verdaderamente su padre. Le puso el nombre —«y le puso por nombre Jesús» (Mt 1,25)—, gesto con el que ejerce la patria potestad y lo reconoce como hijo ante la Ley. El propio Evangelio habla de «su padre y su madre» (Lc 2,33) y María dirá: «tu padre y yo te buscábamos angustiados» (Lc 2,48). San Juan Pablo II lo expresó así en Redemptoris Custos: la de José es una paternidad real, aunque no según la sangre, puesta al servicio del misterio de la Encarnación.
5 · Belén y la infancia
Con motivo del censo, José sube con María a Belén, la ciudad de David, y allí nace Jesús (Lc 2,1-7). A los cuarenta días lo presentan en el Templo, donde el anciano Simeón y la profetisa Ana reconocen al Salvador (Lc 2,22-38). Poco después, guiados por una estrella, llegan los magos de Oriente a adorar al Niño (Mt 2,1-12).
6 · La huida a Egipto
Herodes busca al Niño para matarlo. De nuevo el ángel habla a José en sueños, y él obedece sin demora, de noche:
«Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise.» (Mt 2,13)
José protege a la Sagrada Familia en el destierro y, muerto Herodes, la conduce de regreso hasta establecerse en Nazaret (Mt 2,19-23). El Papa Francisco vio en esto la valentía creativa de José: la fe que sabe transformar un problema en oportunidad, fiándose siempre de la Providencia.
7 · La vida oculta y el trabajo
En Nazaret transcurren los años ocultos. A Jesús se le conocía como «el hijo del carpintero» (Mt 13,55) y a él mismo como «el carpintero» (Mc 6,3): en el taller de José aprendió el oficio y la dignidad del trabajo. Por eso la Iglesia lo propone como modelo de los trabajadores —Pío XII instituyó la memoria de San José Obrero el 1.º de mayo (1955)— y Redemptoris Custos y Patris Corde presentan su trabajo como participación en la obra creadora y redentora de Dios.
8 · Jesús en el Templo
La última escena evangélica en la que aparece José es el hallazgo de Jesús, a los doce años, entre los doctores del Templo (Lc 2,41-52). María le dice: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Después de esto, el Evangelio guarda silencio sobre José.
9 · El silencio de José
No se ha conservado ni una sola palabra suya. Su silencio no es ausencia, sino presencia atenta; no es pasividad, sino obediencia activa. José habla con la vida: escucha, cree, obedece y custodia. Su elocuencia son las obras.
10 · La muerte de San José
El Evangelio no narra su muerte. Como ya no aparece durante la vida pública de Jesús, la tradición cristiana entiende que murió antes, en Nazaret, asistido por Jesús y María. De ahí que la Iglesia lo invoque como patrono de la buena muerte: nadie ha muerto en compañía más santa.
11 · Custodio del Redentor y Patrono de la Iglesia
La devoción a San José creció con los siglos y el magisterio la fue confirmando:
- El beato Pío IX lo declaró Patrono de la Iglesia universal el 8 de diciembre de 1870 (decreto Quemadmodum Deus).
- León XIII dedicó a su devoción la encíclica Quamquam Pluries (1889).
- San Juan Pablo II publicó la exhortación Redemptoris Custos (1989), sobre su figura y misión.
- El Papa Francisco añadió su nombre a las Plegarias Eucarísticas (2013) y proclamó el Año de San José con la carta Patris Corde (8 de diciembre de 2020).
12 · Un corazón de padre
En Patris Corde («Con corazón de padre»), el Papa Francisco contempla a San José bajo siete rasgos que siguen hablando a las familias de hoy: padre amado, padre en la ternura, padre en la obediencia, padre en la acogida, padre de la valentía creativa, padre trabajador y padre «en la sombra». En él, Dios nos dejó el rostro del amor que cuida en silencio.
Fuentes. Sagrada Escritura: Mt 1–2; Lc 1–2; Lc 2,41-52; Mt 13,55; Mc 6,3. Magisterio: Catecismo de la Iglesia Católica; Pío IX, Quemadmodum Deus (1870); León XIII, Quamquam Pluries (1889); san Juan Pablo II, Redemptoris Custos (1989); Francisco, Patris Corde (2020). Amplía en la bibliografía.
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