Los Josefinos
Revelaciones Privadas
Acoger con fe y, a la vez, con sano discernimiento.
En los orígenes de nuestra comunidad se recibieron unos mensajes —atribuidos a San José y a la Santísima Virgen— que acompañaron el nacimiento del Rosario de San José. Los conservamos y compartimos como parte de nuestra memoria espiritual.
Su función «no es la de completar la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una determinada época».
Las revelaciones privadas no pertenecen al depósito de la fe. La Iglesia nos invita a acogerlas con prudencia, verificando siempre su fidelidad a la doctrina y sus frutos de conversión y caridad. Su aprobación definitiva corresponde a la autoridad eclesial.
Los mensajes
Toca una revelación para leerla
San José
Mensaje de San José
5 de mayo de 1994
¿Les es difícil pedir perdón, pequeños? Pues para no tener que pedir perdón, miren cómo actúan. Midan sus pasos, actúen según los mandamientos, la ley de Dios. Ustedes son débiles y les cuesta bajar la cabeza; si no quieren hacerlo, si no pueden hacerlo, actúen de tal forma que no tengan necesidad de hacerlo, esto es, sean justos, obren con amor, y en el amor verán claro el camino para actuar, según Dios os lo ha pedido, en la entrega y el servicio a vuestros hermanos, conviviendo con vuestra familia.
Santificaos, actuando como Jesús hubiese actuado. Así iréis perfeccionando vuestro corazón según la palabra de Dios, y la palabra de Dios os dice: sed puros, dóciles y abiertos a la gracia del Padre. Os habla San José. Yo tuve que abrir mi corazón y esto lo logré en la oración, para lograr recibir las virtudes necesarias, para vivir al lado de María y ser el padre de corazón, de Jesús. Preparaos todos en oración para recibir más que instrucción, la fusión del Espíritu Santo en vuestro espíritu, para hacer según la voluntad del Padre.
Santísima Virgen María
Mensaje de la Virgen sobre San José
18 de marzo
Amados hijos… os saluda y bendice vuestra Madre del Cielo… que con vosotros está…
Amados pequeños de mi Corazón… cómo se alegra todo mi ser… al saber que mañana se celebra el día de mi amado San José…
Aprovechad… pequeños… aprovechad… Consagradle vuestros hogares… Consagraos a mi castísimo José… Acordaos, pequeños, que mi amado concede todas las gracias de vuestro Señor… pues especial amor y prontitud pone Él a cada una de sus palabras…
Pequeños… las fiestas de los santos que celebráis en la Tierra… se celebran aún con más alegría en el Cielo… pues son personas… creaturas… que a pesar de sus defectos… dejaron a Dios ser en su corazón…
Hijos amados… aprovechad cada fiesta… pues el Cielo y la Tierra están especialmente unidos en estas fechas…
Pequeños… mi amado San José os regalará en su fecha… gracias incalculables… para las familias, esposos y varones… que se consagren a él… pues el Señor, a través de su intercesión, abre Su propio Corazón… para derramar las gracias que necesita cada alma…
Hijos… si algunos pasáis por malos momentos en vuestro matrimonio… pedid su intercesión…
Si algunos queréis dejar atrás vuestros pecados… pedidle a mi amado… su intercesión…
Si alguno quiere ser justo de corazón… pedídselo a él…
Si alguno debe tomar una decisión difícil… pedídselo a él…
Si no tenéis cómo ocuparos bien de vuestra familia… pedídselo a él…
Si no os alcanza lo que tenéis… pedid la Divina Providencia a través de José…
Si vuestra enfermedad, cura no tiene… pedidle la buena muerte… a mi amado…
Si os sentís solos, pedidle a él… pues él siempre estuvo acompañado del Espíritu Santo… de mi amado y Santo Hijo… y de mí… Madre de todo lo creado… Así jamás os sentiréis solos…
El Señor en Su Misericordia escucha las peticiones de todo aquél que tiene el corazón puro… Purificad, pues, vosotros… vuestro corazón… con el Amor sacramental del Señor… Purificad vuestra vida actuando con amor… y sólo para el Amor…
Aprovechad a cada instante… la intercesión de los que… en gracia… han partido de este mundo… al Reino celestial… muchas gracias obtendréis…
Vuestra Madre del Cielo… que con vosotros permanentemente está… os bendice en el Nombre del Padre… de mi Santo Hijo… y del Dulce Espíritu de Dios… Cantad ¡aleluya! los que creéis en el Señor…
Santísima Virgen María
Mensaje de la Virgen en el Día de San José
19 de marzo de 1995
Pequeños de mi corazón, vuestra Madre del cielo os saluda y bendice en el nombre del Padre, de mi Santo Hijo, y del Espíritu de Dios. Pequeñitos míos, es este un día de bendición para el cual Dios os ha preparado, para que recibáis cuantas gracias vienen de la mano de José, en quien el Padre entregó cuanto su corazón necesitaba para guiar a su Hijo en los caminos de la tierra. Entonces, estaba el corazón de José lleno de la gracia del Espíritu. Por eso os hablaba José de un Pentecostés anterior.
Es un momento vívido de corazón, en el que vosotros sentís la gracia del Espíritu viva en vuestros corazones. Porque José viene también lleno de la gracia del Espíritu. ¿Por qué? Porque debía estar preparado para guiar al Hijo del Padre y a mi Inmaculado Corazón. Y para tal efecto debía su corazón comprender aun aquello que estaba en el más profundo silencio, en el lugar más oculto de nuestros corazones. Hasta allí, José comprendía, comprendía sin saber cuánto comprendía, pues él reconocía aun en el latir de mi corazón la más pequeña angustia, y el más pequeñito dolor. Y se estremecía su corazón al imaginar una lágrima rodar por mi rostro.
¿Quién era José? Era el custodio del Hijo y la Madre. ¿Quién era José? Era el ángel guardián de las ovejitas amadas del Padre. Pequeñitos, amados míos, la figura de José para vuestro corazón ha de ser modelo. Su delicadeza estaba enmarcada por la sensibilidad de su corazón. Así, no tenía yo que avisar el movimiento de mi mano, cuando él, presto, ponía la suya bajo la mía para ayudar en mi descanso. No debía tampoco avisar una piedra en el camino, pues ya José se adelantaba a mi caminar para retirarla o encontrar un nuevo sendero.
Hijitos míos, mucho hay en el corazón de José que sólo en silencio y oración podréis conocer, porque se os hará tan comprensible como en el momento en que veis la hostia empapada en el vino.
Pequeñitos, mis niños, hasta aquí ha de llegar vuestra oración. Por gracia y bendición de Dios, este día de fiesta os envuelve hasta el día de mañana. Así pues, pequeños míos, gozad, amad y compartid cuanto Dios ha hecho con vosotros. Os bendice de nuevo vuestra Madre del cielo en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu de Dios. Hijitos míos, os acompañe por siempre la delicadeza del buen Dios y el silencio del Padre de Jesús en la tierra, José, vuestro padre de corazón.
Santísima Virgen María
Mensaje de la Virgen
21 de junio de 1995
Pequeños de mi Corazón, ¡y cuán hermoso era el corazón de aquel que el Padre dispuso para que fuese nuestro guardián! Con el Hijo sentimos una mano cálida y protectora que iba más allá de la mano… del corazón de José… Hijitos míos, pequeñitos míos, poco a poco iréis conociendo la grandeza de mi amado esposo y cuanto el Padre hizo en él y el hombre desconoce… pues no ha tenido el tiempo… aún más… no lo ha buscado… para comprender cuánto vivió José en el silencio y cuánto amó al Hijo que el Padre le entregó, pidiéndole le pusiera el nombre de Jesús…
Hijitos míos, pequeñitos míos, sois vosotros pastorcitos de muchos rediles.
Sois vosotros, pequeñitos, como arbolitos a los que se han acercado pequeñitos indefensos, delicados corazones… y vosotros, hijitos míos, que vivís de corazón lo que el Padre de los Cielos os pide, tenéis un corazón tan grande… que sin haberlo buscado, hoy sois refugio de una gran familia…
Hoy vuestro corazón protege, no con el techo, con algo aún mayor: vuestro amor… y aún más, en lo más profundo de vuestro corazón, vuestra oración…
Hijitos míos, amados niños, así pues os bendigo en esta noche con mi Corazón por haber abierto las puertas del vuestro… Entonces de la mano de mi esposo, con mi Santo Hijo, recibid bendición del Padre, del Hijo y del Dulce Espíritu de Dios ✝ que brilla desde vuestro corazón.
Os amo, chiquititos míos… os amo mucho… sed diligentes, sed mansos y humildes de corazón y así, hijitos míos, comprenderéis sin palabras para a vuestros pequeños responder y para vuestros hermanos consolar con palabras del Espíritu aflorando de vuestro corazón…
Os amo, hijitos míos, rosas para vosotros, rosas para vuestro corazón…